viernes, 21 de octubre de 2016

El día que la autocracia competitiva dejó de competir

Regímenes híbridos, democracias no-liberales, autocracias competitivas y países parcialmente libres son algunos de los nombres que académicos, periodistas y organizaciones internacionales dan a esa desgraciada forma de gobierno que tiene vocación tiránica, pero que mantiene algunas apariencias democráticas con el fin legitimar en alguna manera la dominación del pueblo.

Independientemente de la polémica que generan dichos términos, o la dificultad que implica categorizar a un gobierno entre tres rangos de mejor a peor, a saber: Democrático, híbrido, o tiránico, no cabe dudas de que el caso venezolano hace muchísimo tiempo dejó de ser el primero, y se ha movido recientemente entre los últimos dos.

En algún momento hubo democracia, y bajo el gobierno de Chávez la misma degeneró en un régimen híbrido, degeneración que se ha acelerado precipitadamente bajo el régimen de Maduro, gracias al legado de control institucional que le dejó Chávez, la ausencia de carisma del actual presidente, y la crisis económica y social que golpea brutalmente al país.

Sin embargo, desde hace un par de años hasta nuestros días, se ha debatido si todavía podemos llamar el gobierno del PSUV como híbrido o “democracia enferma”, o si debemos llamarlo frontalmente dictadura.

La dificultad de hacerlo radica en que hasta ahora no había habido un hito que marcase dicha transición, ya que los procesos políticos son fluidos a lo largo del tiempo, y más aún los procesos de deterioro institucional. Las dictaduras rara vez se reconocen a sí mismas como tal, y pocas veces existe un decreto (a menos que haya golpe de estado) que marque el paso de un país parcialmente libre a uno completamente oprimido.

Y sin embargo, ayer fue un día que la historiografía debería marcar como el hito que simboliza el paso de un régimen híbrido a una tiranía.

Hasta el año 2015, cuando hubo elecciones parlamentarias, todavía se consultaba al pueblo. Sin embargo, el año 2016 marca un hito en la transición de régimen híbrido hacia una tiranía en el sentido que se desconoció al pueblo en forma continuada a través de sentencias del TSJ que anulan a la Asamblea Nacional, máxima representación de la pluralidad de una nación, y ayer en forma abrupta a través una decisión del CNE que suspende Referendum Revocatorio, mecanismo legítimo y legal de expresión verdadera del pueblo.

El demos, por tanto, ya no tiene poder formal. Ha muerto por completo la democracia.

Por tanto, los pocos elementos democráticos que hacían “híbrido” al régimen desaparecieron por completo, quedando sólo los autocráticos. La “democracia iliberal” ya no tiene nada de democracia, y la “autocracia competitiva” dejó de competir, quedando entonces autocracia pura y dura.

Si bien nunca se dudó de la vocación autocrática e incluso totalitaria del PSUV, es hora de que tampoco dudemos del nombre de la presente forma de gobierno. Ya ni siquiera la desgraciada “autocracia competitiva” sirve para describirnos, sino que el mundo y los ciudadanos venezolanos debemos, al unísono, categorizar a esto como dictadura o tiranía.

A partir de allí, la unidad en diagnóstico de la sombría realidad que aqueja a Venezuela permitirá plantear cursos de acción más pertinentes. Si bien antes mencionamos que el pueblo ya no tiene poder formal, porque así lo decidido la formalidad chavista, la gente preserva todavía el poder más importante, y es aquel poder informal que significa ser una gran mayoría dispuesta a rescatar la democracia, siendo capaz de sobrepasar los obstáculos formales que imponga el PSUV.


La esperanza de millones se encuentra en manos de los dirigentes de oposición. Ojalá la sabiduría ilumine sus estrategias, y se logre revertir esta perversa degeneración de la institucionalidad democrática, social, cultural y económica en el menor tiempo posible. Venezuela y el mundo así lo reclaman.

martes, 29 de marzo de 2016

¿Qué hace falta para lograr el cambio? Ideas para un país a la deriva

Abres tus redes sociales y te encuentras con el video de un autobús arrollando a dos policías. Días antes presencias numerosos linchamientos, incluido uno donde la gente camina tranquilamente al lado de un hombre en llamas.

En televisión ves cómo se aprueban leyes necesarias, pero otros poderes anulan las mismas y no pasa nada. Pacientes mueren en los hospitales mientras  el gobierno se niega a recibir medicinas provenientes de afuera, mientras que, por su parte, los transportistas necesitan aumentar los precios del pasaje porque no hay repuestos, pero la gente no puede costear el incremento, pues el bolsillo no aguanta dicho gasto.

La inflación te agobia a ti y a tu familia. Las conversaciones de grupos de whatsapp se hacen cada vez más angustiosas, narrando cómo el sueldo no alcanza, cómo las colas para comprar son insoportables, y cómo los saqueos ocurren aisladamente. Tampoco escapan a las mismas los constantes apagones, los cortes de agua, y los permanente anuncios de “Saquen a Fulanito, le robaron el celular”.

Ni siquiera la Vinotinto mayor puede darnos una alegría,  y solamente un grupo de chicas adolescentes fueron, al menos por un breve período de tiempo, capaces de darnos una bocanada de aire fresco ante lo sofocante que resulta nuestra realidad.

Sales a la calle de regreso a tu casa, y si ya son las 7:30 PM (aunque quisieras haber llegado antes que caiga sol) el asfalto se encuentra desoldado. Las vías están vacías al anochecer, y ya no sabes si debe a que la gente no tiene dinero para salir, si es por temor al hampa común,  por miedo a que un conflicto de dimensiones superiores estalle, o por una macabra combinación de las tres.

Por fin llegas a tu hogar y sientes que algo está a punto de reventar, pero no sucede nada. Sientes que esto ya no aguanta más, pero aun así aguanta. ¿Qué demonios hace falta para que algo suceda? , te preguntas de vez en cuando en medio de una sensación de angustia que nada te agrada.

Decisiones. Eso es lo que  hace falta en el país.

Sin embargo, nadie parece querer tomarlas. Por tanto la pregunta de rigor pasa a ser: ¿Quién se supone que debe tomarlas?

Por un lado, el gobierno  no toma decisiones. Podríamos intentar hacer un análisis frío sobre por qué no lo hace, y pensar que siempre han evadido asumir el costo político que implicaría tomarlas. Pero francamente, a esta altura, ya poco importa. Nos han llevado a un punto irreversible, y su clara voluntad de no querer cambiar hace que debamos girar la mirada a otro lado.

En la otra acera nos encontramos los demócratas. Ocupamos ahora una posición de mayor legitimidad y poder que aquella que ostentábamos antes del 6 de diciembre. Pero también hay que recordar que la gente tiene altas expectativas, y parecemos proponer cambios únicamente a través de la asamblea, a veces olvidando que hay todavía otros 4 poderes bajo la tutela del PSUV que buscarán inteligentemente anular al poder legislativo.

Pero si bien el gobierno ha decidido no decidir sobre materia alguna, no podemos nosotros seguir el mismo camino. La ausencia de dirección y decisiones tiene a Venezuela a la deriva, y un país en crisis no sale de la misma gracias a la inercia, sino gracias a la acción determinada de sus actores políticos, quienes deben aprovechar las coyunturas para salir adelante.

¿Qué hacer? Podría ser la pregunta de un lector ingenuo, o quizá incluso un actor político genuinamente sobrecogido por lo complejo de la crisis. Quizá no hemos tomado decisiones porque no sabemos a ciencia cierta qué hacer.

Creo, sin embargo, que la ausencia de decisión no se debe al desconocimiento de caminos para el cambio. Se debe más bien al temor de asumir las consecuencias de transitar dichos caminos. Y es que parece evidente que hay un asunto urgente sobre el cual debemos decidir: hay que canalizar el malestarsocial.

Menciono que hay temor a las consecuencias, porque los caminos para tomar son, en realidad, bastante desagradables, todos con sus negativas consecuencias. Quizá haga falta protestar organizadamente, lo cual nos recuerda a años pasados. Quizá haga falta tender puentes con actores políticos clave del otro lado, lo cual nos llevaría a posiciones pragmáticas incómodas. Pero lo cierto  es que no decidir nos llevará a consecuencias mucho peores que cualquiera que nos pueda traer una decisión consciente y responsable.

Al mencionar esto, no quiero entrar en debates sobre si lo hecho en 2014 y 2002 fue acertado o no. Si quieren, incluso, puedo admitir que fue un fracaso. Pero sin duda alguna no podemos permitir que hechos del pasado determinen nuestra forma de actuar ahora, pues las condiciones de hoy son profundamente distintas.

Si no tomamos decisión alguna, la explosión social terminará por llegar. Y por los niveles de angustia, sociopatía, odio, resentimiento, y anomia que se pueden ver en la calle, de verdad no quisiera eso para mi país. Los hechos pueden salir de control, y las consecuencias pueden ser peores de lo que cualquiera puede imaginar.

Quizá algunos desean que eso suceda, porque así se liberarían de la responsabilidad de llevar a cabo acciones que fuercen el cambio, y por eso parecen no decidir. Que pobre ejemplo de liderazgo le estarían dando al país al actuar en forma tan irresponsable.

Sé que no es fácil estar en dicha posición, pues tomar decisiones es de lo más ingrato que tiene el liderazgo, mucho más cuando se tiene semejante responsabilidad sobre las espaldas. Además, soy consciente que resulta cómodo para mí decir esto sin estar en los zapatos de quienes sí deben decidir cursos de acción.

Sin embargo, también soy consciente que ha llegado un momento histórico que no podemos dejar pasar.

Es hora decidir.

Se los pide encarecidamente un compatriota temeroso de que lo peor pueda llegar a suceder.

Atentamente,

Roddy Enrique Rodríguez


Ciudadano venezolano

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿Y ahora, qué? Reflexiones sobre cómo entender y aprovechar la victoria de ayer

¨Nadie que tenga el poder absoluto sobre las reglas de juego organizará una elección que pueda perder”

La anterior es una frase que usé en muchas discusiones en 2014, y quizá abusé de ella en uno que otro momento. Puede que me haya equivocado al hacerlo.

Dentro de la MUD había dos supuestos sobre los que se basaban las visiones estratégicas que debía seguir la alternativa democrática, y fueron puestos ayer a prueba. Además de ser un día histórico por otorgarnos mayoría en la Asamblea, el día de ayer (y los próximos días) resultan útiles para reflexionar respecto a las hipótesis sobre las cuales se fundamenta nuestra visión de cambio.

Dichos supuestos, simplificados al máximo, giraban en torno a diagnósticos distintos, y por tanto propuestas distintas.  Dichas ideas, más o menos caricaturizadas, eran:
  1. Se estaba en dictadura y se requería principalmente del poder de la gente ejercido en la calle.
  2. Se estaba en democracia y se necesitaba principalmente del poder del pueblo a través del voto.

Mi postura se acerca más a la primera opción, pero los hechos de ayer le dan fuerza a la segunda idea.

Y es que el primer supuesto falla en que el gobierno no tiene control absoluto sobre las reglas de juego, ya que por más abuso que lleve a cabo durante una campaña, a la hora de la verdad, a la hora de la chiquita, si tienen los resultados en contra, no les queda más que reconocer. 

Existe un pequeño control que reside en la necesidad de llevar a cabo elecciones y mantener una fachada democrática, lo cual si bien no se acerca a los "check and balances" de las democracias occidentales, son al menos un control al cual podemos aferrarnos.

¿Significa esto que no estamos en una dictadura?  No lo sé. 
¿Debemos llamar a esto régimen híbrido o autoritarismo competitivo?  Puede que sea más apropiado.

Pero más allá de la semántica, lo que que sí queda claro es una cosa: Ellos están en el poder, usan las instituciones que tienen bajo su control con gran discrecionalidad, y obedecen a muy pocos límites.

Sin embargo, dicha realidad también nos hace pensar un poco sobre los supuestos de la estrategia electoral, ya que se necesitó de la peor crisis en la historia para obtener 58% de los votos.  La polarización electoral fue la indiscutible ganadora a pesar que, en teoría, había disminuido la polarización social en torno al malestar general por la situación económica.

Adicionalmente, siguiendo el patrón de conducta previo, el PSUV seguramente usará los poderes que aún retiene en la forma más discrecional e ilegal posible. Recordemos las leyes inconstitucionales que fueron derrotadas en la reforma de 2007, y aprobadas por el Parlamento 2005-2010, muchas de ellas justamente una vez que ya habían perdido la mayoría absoluta en 2010.

Sin embargo, ellos “son demócratas” , o eso es al menos lo que quieren que piense la gente luego del reconocimiento de la derrota. Y si bien sabemos que no es cierto que sean demócratas, lo de ayer nos deja al menos saber que sí existe un freno mínimo al poder, y es la victoria electoral.

Los bueno es que estos hechos, al ofrecer luz sobre los distintos supuestos, deberían acercarnos a un punto medio a una estrategia única.  Las fallas de ambas estrategias quizá nos permiten pensar en una estrategia única que podemos plantear a partir de ahora. 

Ya la MUD ha adelantado esfuerzos con un importantísimo y impecable documento  (Acuerdo para la construcción y ejecución de la Agenda del Cambio desde la nueva Asamblea Nacional) donde comentan la estrategia política a seguir para recuperar la democracia. Leerlo me hace sentir bien respecto a los meses por venir, y más aún con las atribuciones que nos da semejante mayoría . En caso de no conocerlo, recomiendo ampliamente leer dicho documento.

Lo que nos viene al frente es, por no decir menos, un increíble reto. Y por sobre todas las cosas, es clave que tengamos éxito asumiendo el mismo. Desde mi punto de vista, hay tres elementos a los que la Asamblea puede y debe contribuir, y  que se encuentran mucho más desarrollados en la Agenda del Cambio de la MUD:
  • Construir Capital Social: Debemos generar inclusión, un ambiente discursivo democrático y fomento del diálogo, la tolerancia y la asociatividad con el fin de recuperar el capital social que tanta falta hace para el proceso de desarrollo de nuestra nación.
  • Rescatar el Estado de Derecho: Debemos empezar a fortalecer la democracia, las instituciones y el el cumplimiento efectivo de las leyes, de forma que haya de nuevo un gobierno efectivo ajustado a Derecho en nuestro país.
  • Fomentar el Progreso:  Debemos generar y aprobar leyes que surtan efectos positivos sobre la crisis, logrando que dichas iniciativas sean sostenibles. Hablamos de productividad, responsabilidad fiscal, eficiencia, y demás características económicas de un país normal.


Cada uno de esos puntos tendrá sus retos particulares, su propia agenda, y su curso de acción, pero queda claro que debemos empezar a cambiar a Venezuela desde la Asamblea. Claro está, por supuesto, que en un país con instituciones tan maltrechas, la realidad que plasmen los ciudadanos en la calle será tan importante como aquello que hagan nuestros diputados en el hemiciclo.

Por último, hay sólo un punto adicional que me gustaría tocar respecto a el buen desempeño que tendrán nuestros diputados, el cual  nos llevará a una curiosa paradoja que espero la MUD ya haya tenido en cuenta.

Al cumplir un buen rol, la Asamblea Nacional contribuirá a mejorar la realidad y percepción que se tiene respecto a la situación país y bienestar personal de la gente. Esto pareciera evidente, pero la paradoja está en que históricamente la buena o mala percepción que tenga la gente del país, se traduce en apoyo o rechazo al ejecutivo nacional (Y eso no sólo pasa en Venezuela, sino en casi cualquier país del mundo).

Por tanto, el reto estará no sólo en comenzar a transformar el país, sino en hacerlo de una forma que sea sostenible, de manera que podamos continuar con esta corriente y continuar los éxitos, hasta depurar progresivamente los poderes. Por tanto, debemos tener la capacidad de reclamar crédito por el buen trabajo, y evitar que el buen desempeño de los diputados democráticos indirectamente fortalezca la pobre gestión de Maduro.

Son algunos de los retos que tiene por delante la nueva Asamblea Nacional. Si entendemos la victoria de ayer, podremos aprovechar la misma para nunca regresar al deterioro político, económico y social en que se encuentra sumida nuestra Venezuela.

Llegó la hora de actuar. Confío en lo que nuestros diputados pueden demostrar.




domingo, 3 de mayo de 2015

Escasez de liderazgo

Pocas cosas me molestan más que la idea de hacer cola por un rollo de papel toilet, o por una bolsa de leche en polvo.  Sin embargo, puedo adaptarme a esta triste realidad buscando bienes substitutos, o dejando de consumir dichos productos para así no hacer cola. Entre perder tiempo o no disfrutar un par de bienes, prefiero prescindir de lo segundo.

Pero hay en el país un tipo de  escasez a la que no me puedo adaptar, y que me molesta aún más, pues me afecta gravemente y escapa de mis manos: La escasez de liderazgo. 

Sin perjuicio del respeto y admiración que podamos sentir por los líderes democráticos de nuestra nación (Henrique, Lepoldo, María Corina, Antonio, y demás), es necesario reconocer y criticar el hecho de que no hay, en Venezuela, liderazgo.

Hace poco leía un artículo del centro de estudios de liderazgo de la universidad de MIT donde relataban brevemente algunas cualidades que debía tener el líder en tiempos de extrema incertidumbre. Entre ellas, hay una de particular relevancia que brilla hoy por su ausencia: “Sensemaking”.

Por sensemaking (que se traduciría literalmente como ¨crear sentido¨) se entiende darle significado a las cosas que nos rodean, a explicar la incertidumbre, y lo que la misma implica. Significa tener la capacidad de, a pesar de la poca certeza que nos rodea, ofrecer una especie de mapa que permita a los seguidores orientarse, y tener al menos una idea de a qué deben atenerse, donde están parados, y por donde podrían transitar para alcanzar el objetivo en común que comparta el grupo.

Sin embargo, nadie le está explicando a los venezolanos qué está pasado, al menos no insistentemente. Peor aún, nadie nos está advirtiendo a donde estamos yendo, qué se nos viene, y qué podemos esperar de dicho futuro. Ningún líder político nos está hablando claro.

Los únicos advirtiendo lo que se avecina son los académicos, especialmente los economistas. Parecieran los únicos con credenciales para esto. ¿Pero son acaso ellos quienes nos llevarán a enfrentar esta crisis, y guiarán a través de cursos de acción para intentar superarlas? Definitivamente no. Hace falta que alguien asuma dicho rol.

El líder y la adversidad

“Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas” fueron las palabras escogidas por Winston Churchill para describir aquello que se venía para el Reino Unido al enfrentar a la Alemania Nazi. Numerosas crisis han afectado a numerosos pueblos, pero como las enfrentan los mismos y sus líderes es lo que precisamente permite superarlas, o sucumbir ante ellas. En el caso del Siglo XX,  la historia parece otorgar un lugar especial a Churchill respecto a la forma de enfrentar la crisis que implicó una Guerra Mundial.

Corría el 13 de mayo de 1940, y Churchill se dirigía por primera vez al parlamento (y a la nación) desde que había sido designado Primer Ministro apenas 40 horas antes. En dicha ocasión explicó que ante la situación de extrema urgencia, debió conformar un gabinete plural que, aunque fue conformado de forma poco ortodoxa, resultaba imprescindible para asegurar los esfuerzos de la nación a la hora de enfrentar a los alemanes.

Pero por sobre toda las cosas, el entonces Primer Ministro hizo énfasis en que, dado que el Reino Unido se encontraba ante una situación angustiosa frente a un enemigo temible, lo único que podía prometer era sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Que sin importar cuan difícil sería el camino o cuanto tiempo tomara recorrerlo, debían luchar juntos.  No matizó las amenazas que se avecinaban, no moderó el lenguaje. Fue franco y sincero al expresar lo que consideraba eran los objetivos a seguir, y la forma en que planeaba alcanzarlos:

“Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza . Tenemos ante nosotros muchos, muchos largos meses de lucha y de sufrimiento.
Yo le diría a la Cámara, como dije a los que se han unido al gobierno : "No tengo más que ofrecer que sangre , esfuerzo, lágrimas y sudor "
¿Cuál será nuestra política? Llevar a cabo la guerra con todas nuestras fuerzas. ¿Cuál es nuestro objetivo? La Victoria a cualquier costo “


¿Alguien ha visto a algún líder venezolano diciéndonos que pasaremos trabajo, que la escasez será aún peor, que podría haber muertos, y que habrá lamentables niveles de volatilidad social? Al menos yo no lo he visto.

Esa cualidad de tener una visión y saber como seguirla, es lo que en la literatura de liderazgo denominan dirección. Contar con claridad con respecto al propósito colectivo, la diná­mica del entorno, las dificultades esperadas, y la forma de enfrentarlas para alcanzar la meta es en gran parte lo que necesita nuestra nación. Sin embargo, Venezuela hoy marcha sin dirección

Ausencia de seguidores

A pesar de esto, la escasez de liderazgo no es sólo culpa de los dirigentes. Parte de la responsabilidad recae sobre nosotros, y es algo de lo que cada día estoy más convencido. Al día de hoy, quienes habitamos en el país hemos sido venezolanos molestos. Es hora que seamos ciudadanos indignados, capaces de transformar la indignación en acción. (enlace)

Alguna vez noté (enlace) que hacía falta una sociedad civil independiente con músculo suficiente paa presionar y alcanzar objetivos concretos. Mucho debemos esforzarnos en este punto.

Acciones a tomar:

Lo ideal sería que, por un lado, los actores políticos partidistas asuman su rol de canalizar demandas de la sociedad de cara al estado. La principal demanda es el cambio, pero los canales institucionales de cambio están trancados, por lo cual los partidos deben continuar su trabajo, pero hace falta algo más-.

Este elemento adicional sólo puede venir  los venezolanos de base, las organizaciones no gubernamentales, y demás actores de la sociedad civil, quienes deben organizarse para cobrar fuerza, con el fin de ejercer liderazgo colectivo, y sobretodo presionar y encaminar a nuestros líderes a que hagan lo que nosotros esperamos de ellos, y no viceversa. 

Nadie está ejerciendo liderazgo en Venezuela, y mientras tanto los venezolanos de a pié se ven embestidos por los hechos, sin que nadie pueda conducirnos hacia "algo", sea lo que sea ese algo. 
Se dice que la escasez trae hambre. No me cabe duda entonces que Venezuela tiene hambre de liderazgo. 

Ante dicha orfandad de dirección,  debemos promover el liderazgo positivo que sea capaz de guiarnos hacia un "algo¨ deseado, antes que dicha orfandad nos lleve a buscar desesperadamente la primera opción con capacidad de dirección que aparezca ante nosotros, independientemente de a dónde quiera llevarnos, lo cual podría orientarnos hacia un precipicio.

No cometamos los mismos errores del pasado. Quien no aprende de la historia, está condenada a repetirla.


viernes, 20 de febrero de 2015

La teoría del pote de humo y los dilemas de la oposición.

“No pisemos el peine”.

Fueron las palabras de un amigo al analizar el secuestro de Ledezma por parte del Sebin. Al igual que él, numerosos analistas y dirigentes de oposición creen en la teoría del pote de humo.

No voy a negar que desde el poder se pueden concebir acciones destinadas a distraer la atención de la opinión pública o la agenda del rival hacia un tema que conviene al gobierno, pero definitivamente estoy en contra de creer que todas las acciones políticas del gobierno son un pote de humo para desviar nuestro foco de los temas económicos y sociales. No todo es un peine, y aquí aprovecho para responder a mi amigo, y en particular a numerosos dirigentes y analistas de oposición.

Tampoco quiero caer en debates estériles sobre cuáles temas son más relevantes: Si los político-institucionales, o los económico-sociales. Ambos importan, y mucho. De nada sirve que haya descontento social por razones económicas si no puedes canalizar el mismo a través de medios institucionales, o si no puedes presentarte como alternativa porque la población no te conoce debido a la censura. De igual forma, de nada sirve luchar por democracia si no capitalizas el descontento social que te hará mayoría y así te permita ganar elecciones en democracia. Eso es un debate que debería estar superado.




Sólo quiero llamar la atención sobre la verdadera intención del gobierno al llevar a cabo esta clase de iniciativas. El PSUV desde hace años tiene una clara agenda: Controlar y retener el poder a través del debilitamiento de la sociedad y el fortalecimiento del Estado y factores de poder allegados al PSUV. En ese sentido, no sería absurdo creer que la mayoría de sus acciones van destinadas a cumplir dicho fin.

Con acciones como la de ayer, el PSUV podría estar matando dos pájaros de un solo tiro: Encierra a Ledezma y logra así los objetivos de intimidar a la disidencia y mermarla en su capacidad operativa a través del control de uno de sus actores, y al mismo tiempo logra llevar la atención y agenda de la oposición a temas de conflictividad y polarización, logrando que no nos enfoquemos en la brutal inflación que nos tiene pelando, y la nefasta escasez que destruye nuestra calidad de vida.

Lo tonto de nuestra parte sería separar ambas cosas, y pensar que son incompatibles. Las dos están íntimamente relacionadas, por lo cual lo inteligente es vincularlas. No hay dilema alguno. Estamos pelando porque no hay democracia, y para vivir bien debemos recuperar la misma, por lo cual no son luchas distintas. El cambio de gobierno es una prioridad.

Ledezma no es un pote de humo. Ceballos tampoco, Leopoldo tampoco, la tumba tampoco. Son acciones intencionales del gobierno destinadas a someter y reprimir . Que dichas acciones desvíen la atención del pueblo hacia temas meramente políticos es para el PSUV lo que los economistas llamarían una "externalidad positiva". Es decir, la verdadera intención es reprimir. Desviar nuestra atención es para ellos solo un beneficio adicional

¿Qué hacer al respecto? Sencillo: No pisemos el peine de creer que esto son potes de humo. Son amenazas serias en contra de todo lo que se atreve a poner en peligro la estabilidad del gobierno en el poder. Pero tampoco pisemos el peine de perder el control y enfocarnos únicamente en los presos políticos, porque así no sumaremos fuerzas.

Lo inteligente es darnos cuenta que la crisis económica y social se debe al terrible régimen político que nos gobierna. Por tanto, para solucionar la crisis económica y social, debemos cambiar el régimen político.

Si queremos que nos rinda la plata, que encontremos productos y que haya seguridad, gente como Ledezema, Leopoldo y Ceballos deben regresar a la calle para hacer presión y exigir al gobierno que haga los cambios necesarios, y de no hacerlos, se les debe presionar para que abandonen el poder, pues voluntariamente no lo van a hacer. Esto es un curso de acción que deberían seguir todos en la oposición.

Si queremos vivir mejor debemos recuperar la democracia, y eso empieza por darnos cuenta que estos no son potes de humo, sino la verdadera razón por la cual estamos en crisis: Un gobierno dictatorial que quiere someter al pueblo con miseria. El pueblo ya hizo su elección, y así lo reflejan los números: Aprox. 70%  de los venezolanos está molesto con la situación económica, y ese mismo porcentaje quisiera cambios en el gobierno . Sólo falta el liderazgo que lo canalice, y al parecer el gobierno mete preso a todo el que intenta asumir dicha responsabilidad.

¿Pote de humo?

No lo creo. Se llama estrategia.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Un fantasma llamado sociedad civil venezolana

El miércoles 12 de noviembre fue un día grotesco. Dos tendencias políticas de oposición luchaban por conquistar una Federación de Centros de Estudiantes como si de una alcaldía o gobernación se tratara. Dirigentes nacionales de partidos políticos, desde Caracas, desde todos lados, tanto a distancia como en la misma ULA, manifestaban su apoyo a una u otra candidatura. Esta y otras intervenciones marcaron la campaña y el día de las elecciones a representantes estudiantiles en la Universidad de Los Andes.

Al día de hoy no sé quién resultó ganador, pero independientemente de cual Arellano haya ganado, fue la sociedad civil independiente quien perdió. Esta no era una elección estudiantil, era un pulso de opinión pública. En Venezuela no hay sociedad civil independiente, pues lo que conocemos como tal no es más que un fantasma.

Lo sucedido en la ULA  sólo refleja la importancia estratégica que tiene el movimiento estudiantil y la sociedad civil para los partidos, enmarcados en el rol que jugarían los mismos en los proyectos partidistas a corto y mediano plazo. Para ambas estrategias (la moderada y la radical) resulta por tanto fundamental controlarlos.

Lo sucedido en las elecciones de la ULA demuestra la ausencia de un movimiento estudiantil independiente.

Se supone que desde 2007 el movimiento estudiantil es lo más cercano que tenemos a una sociedad civil, entendiendo esta en su forma más sencilla:  Sociedad  como grupo organizado de personas a partir de un deseo o interés común, y civil  en referencia a deberes y derechos de los ciudadanos. Se puede entender entonces que la sociedad civil es un grupo de personas asociadas con el objeto de hacer valer sus deberes y derechos.

Lamentablemente las organizaciones con fines políticos comprendieron que una sociedad civil independiente es capaz de marcar la agenda, y esto quizá no les convenía. Optaron por tanto por tratar de influir sobre la misma, y más aún, de controlarla. Pero venga, no nos demos puñaladas en el pecho por esto: Los partidos son organizaciones con vocación de poder. Tienen incentivos para actuar de esta manera, y es natural que lo hagan.

El problema es que no nos demos cuenta que esa sociedad civil politizada termina por defender los intereses de los partidos, y no los derechos de los ciudadanos. Por ello es fundamental que la sociedad civil sea independiente.

Lo de independiente resulta fundamental, pues su no-ambición de poder garantiza que su único interés sea la defensa de los derechos, no la popularidad, no las encuestas, no derrotar al rival, no acceder al poder. No. Su trabajo y motivación es defender los derechos, eso es lo fundamental. 

Por eso es importante que sea independiente: Para que trabaje por su lado, mientras los partidos siguen por el suyo. Ambos roles (defender derechos y acceder al poder) son fundamentales y esenciales para la democracia, pero debemos entender que cada quien debe cumplir su papel donde le corresponde.

Para colmo de males, no sólo nuestra sociedad civil no es independiente, sino que además tiene poco de sociedad, en el sentido que no está suficientemente organizada, y tiene apenas un asomo de civil, en el sentido que muchas organizaciones deciden callar ante atropellos e intimidación del gobierno a sus derechos.

Sé que suena duro, pero es la verdad. Nuestro país no se hará más democrático porque unos tipos lleguen al poder y empiecen a transformar la sociedad desde arriba. No, eso no funciona así. La transformación tiene que darse por el poder de la gente, del pueblo, de la base, de la sociedad civil.

Entendiendo esto, comprendemos que toda iniciativa que busque crear y fortalecer organizaciones civiles, como también que ayude a organizarlas, será beneficioso para la democracia venezolana.

Por ejemplo, el sábado 22 de noviembre Futuro Presente organizará el primer encuentro ¨Los Jóvenes Proponemos: Soluciones para el país¨, donde jóvenes activistas se reunirán para aportar un grano de arena a través de mesas de trabajo sobre desarrollo social, derechos humanos, ciudadanía, entre otros tantos temas. Lo cierto es que esta clase de pequeñas iniciativas son las que contribuyen a que la sociedad civil funcione. Si te suena interesante, puedes registrarte aquí: -- > http://goo.gl/SpfgUp

Crear proyectos desde la juventud puede ser una forma de fortalecer la sociedad civil


Sin embargo, más allá del pequeño inciso publicitario, lo importante es que todos como ciudadanos tomemos conciencia de nuestro rol, y actuemos en consecuencia. Tenemos el derecho de apoyar al partido que querramos, pero también el deber de fortalecer grupos civiles independientes.  No permitamos que una sociedad civil independiente sea un fantasma, una ilusión. Trabajemos arduamente para que sea una realidad, una garantía de democracia, un control a los gobiernos, un límite al Estado. En fin: la salvaguarda de nuestros deberes y derechos ciudadanos.

Roddy Enrique Rodríguez
@RoddyEnrique

domingo, 31 de agosto de 2014

Un nuevo terreno de lucha (No todo está perdido)

Hoy fue un día particularmente triste en mi casa. 

Ignacio, mi sobrino de 8 años quien nació y creció en esta morada, partió a casa de sus abuelos en Barquisimeto para luego tomar rumbo a Houston, donde pasará a vivir junto a su padre de ahora en adelante.

Poco después que Ignacio entró en el carro de sus abuelos y partió, mi familia y yo regresamos a casa. Abrimos la puerta del edificio, marcamos el ascensor y esperamos por el mismo en medio de frases cliché. Al  abrirse las puertas del elevador entramos en silencio y marcamos nuestro piso. Luego las puertas se cerraron. Al hacerlo,  mi hermana (su madre) y su abuela (mi madre) aguantaron sólo un par de segundos antes de romper en llanto.

Como soy el más alto, la reacción natural de ellas fue buscar cobijo en mi pecho y estrechar un abrazo. Poco después me incorporé. Fui quien más aguantó por la sencilla razón de que a ningún hombre le gusta que su vieja lo vea de esa manera,  pero siendo honestos creo que era yo quien cargaba con un nudo en la garganta desde hacía ya más tiempo.

Sin embargo, este no será otro de tantos artículos dedicados a las despedidas, las partidas, la emigración juvenil  y la fuga de cerebros. Ciertamente esta  es la tragedia de la clase media hoy en día, y al mismo tiempo un problema de disponibilidad de capital humano para la nación, pero creo que ya suficientes personas han escrito conmovedores o racionales piezas sobre esto. Hoy no me voy a quejar, hoy me propongo actuar.

Simplemente uso una despedida como punto de partida porque cada una de ellas me recuerda todo lo que está mal en este país.

Cada una de ellas me recuerda  al gobierno que tenemos y a  sus políticas que nos han llevado a esta crisis socio-económica y moral, como también me recuerda sus intenciones de ejercer completo dominio sobre la sociedad.

Cada una de ellas me duele porque me recuerda que mis sueños, planes y visiones corren el riesgo de morir solo por el hecho de permanecer aquí, y que permanecer en casa en búsqueda de dicho sueño (un mejor país) pondría en riesgo mi desarrollo personal, o peor aún, mi vida. 

Cada amigo, prima, pareja, pana y colega que se va me recuerda que estoy apostando a algo intangible, y que en algún momento me dirán: ¨¿Y tú, qué esperas para emigrar?¨. Y esa es apenas la realidad de la clase media. Quienes menos tienen deben lidiar con una inflación que les golpea más que a los demás, homicidios, escasez y falta de oportunidades en general. El panorama no es brillante para nadie.

Pero sobretodo, cada partida me recuerda que no hay una coalición civil lo suficientemente fuerte como para hacerle frente a un gobierno como este. Y eso es un gran problema, pues para muchos la desesperanza radica en el hecho de no ver en el bando democrático un bloque que pueda llevarnos a la victoria. Si tan solo hubiese alguna percepción real de unidad, de visión compartida, no importaría que tan dura fuese la lucha, la soportaríamos porque sabríamos que estamos juntos en esto, y eventualmente podríamos vencer. Pero hoy no lo estamos, y cuando la gente recuerda eso, las ganas de luchar se desvanecen.

Debo admitir la situación del país, las perspectivas y sobretodo las despedidas me habían afectado notablemente, como también probablemente a mucha gente. Sin embargo, hoy decidí transformar el desconsuelo en acción: No podemos esperar que dicha coalición se construya desde arriba. Debemos crearla desde abajo.

¿Qué hacer?

Recuerdo que hace más de tres años decidí incorporarme a un partido para contribuir a la lucha democrática. Hoy más bien me comprometo a fortalecer la sociedad civil. ¿Las razones? Las mismas. ¿El contexto? Muy distinto

En aquel entonces se venían unas elecciones. Pensábamos que de ellas dependería el destino de la nación. Tenía sentido apostar todo por una vía únicamente electoral.  Hoy el contexto es otro. Más autoritarismo, mayor crisis, y para colmo ausencia de liderazgo de lado y lado.

Desde hace un par de años estoy convencido que para enfrentar al gobierno se requiere fortalecer a la sociedad. Llámelo sociedad civil robusta, poder del pueblo u organización de base. Lo cierto es que las transiciones democráticas exitosas requieren necesariamente que el pueblo se organice para ejercer el poder, y así hacer frente a quienes manejan el Estado. 

En el entorno actual, donde contamos con un gobierno que controla las instituciones , pero al mismo tiempo los partidos de oposición que no logran ponerse de acuerdo , lo que necesitamos es un pueblo organizado (o sociedad civil, dependiendo de sus códigos) que tenga las siguientes características:

Verdaderamente independiente, que no se deje captar por grupos de interés, partidos o demás.

Plural, por cuanto la Venezuela que queremos construir debe ser abierta a todos, y por dicha razón la sociedad civil de ser representativa de la realidad social de nuestro país.

Capaz de reconciliar, pues la polarización y resentimiento es el primer obstáculo que tenemos hacia desarrollar una visión de país conjunta.

Organizada, pues un montón de organizaciones pequeñas no alcanzarán nada si permanecen atomizadas.

Capaz de moldear la opinión pública, pues solo de esa manera los partidos tendrán que ajustarse a lo que en verdad espera la gente organizada, ya que no hacerlo implicaría un alto costo político. Sólo así habría un factor externo que ejerza suficiente presión como para que los partidos obren en conjunto, por no decir que deberán seguir lo que plantee la sociedad civil.

El objetivo podría ser la reconciliación y la democracia, y tener como norte un mínimo de políticas que deba llevar a cabo el (cualquier) gobierno para presionar hacia su consecución. En general, asegurar que el Estado funcione como debe funcionar, y no como sus gobernantes digan que debe funcionar.

Los esfuerzos para crear dicha realidad pueden ir a través de unir actores independientes, crear un movimiento, apoyar nuevas organizaciones, planificar protestas, patear los barrios, salir a la calle o promover la reconciliación. Quizá todas simultáneamente, no lo sé.

Lo único que sé es que esto hoy no existe. Y como resulta fundamental para recuperar la democracia y construir una Venezuela democrática, plural y de progreso, no pienso quedarme de brazos cruzados a esperar a que surja de la nada.  

Hoy me comprometo a trabajar por una sociedad menos fragmentada, por una sociedad más civilizada. No todo está perdido, sólo hay que saber donde dar la lucha.

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Roddy Enrique Rodríguez
roddyrodriguez@gmail.com