martes, 29 de marzo de 2016

¿Qué hace falta para lograr el cambio? Ideas para un país a la deriva

Abres tus redes sociales y te encuentras con el video de un autobús arrollando a dos policías. Días antes presencias numerosos linchamientos, incluido uno donde la gente camina tranquilamente al lado de un hombre en llamas.

En televisión ves cómo se aprueban leyes necesarias, pero otros poderes anulan las mismas y no pasa nada. Pacientes mueren en los hospitales mientras  el gobierno se niega a recibir medicinas provenientes de afuera, mientras que, por su parte, los transportistas necesitan aumentar los precios del pasaje porque no hay repuestos, pero la gente no puede costear el incremento, pues el bolsillo no aguanta dicho gasto.

La inflación te agobia a ti y a tu familia. Las conversaciones de grupos de whatsapp se hacen cada vez más angustiosas, narrando cómo el sueldo no alcanza, cómo las colas para comprar son insoportables, y cómo los saqueos ocurren aisladamente. Tampoco escapan a las mismas los constantes apagones, los cortes de agua, y los permanente anuncios de “Saquen a Fulanito, le robaron el celular”.

Ni siquiera la Vinotinto mayor puede darnos una alegría,  y solamente un grupo de chicas adolescentes fueron, al menos por un breve período de tiempo, capaces de darnos una bocanada de aire fresco ante lo sofocante que resulta nuestra realidad.

Sales a la calle de regreso a tu casa, y si ya son las 7:30 PM (aunque quisieras haber llegado antes que caiga sol) el asfalto se encuentra desoldado. Las vías están vacías al anochecer, y ya no sabes si debe a que la gente no tiene dinero para salir, si es por temor al hampa común,  por miedo a que un conflicto de dimensiones superiores estalle, o por una macabra combinación de las tres.

Por fin llegas a tu hogar y sientes que algo está a punto de reventar, pero no sucede nada. Sientes que esto ya no aguanta más, pero aun así aguanta. ¿Qué demonios hace falta para que algo suceda? , te preguntas de vez en cuando en medio de una sensación de angustia que nada te agrada.

Decisiones. Eso es lo que  hace falta en el país.

Sin embargo, nadie parece querer tomarlas. Por tanto la pregunta de rigor pasa a ser: ¿Quién se supone que debe tomarlas?

Por un lado, el gobierno  no toma decisiones. Podríamos intentar hacer un análisis frío sobre por qué no lo hace, y pensar que siempre han evadido asumir el costo político que implicaría tomarlas. Pero francamente, a esta altura, ya poco importa. Nos han llevado a un punto irreversible, y su clara voluntad de no querer cambiar hace que debamos girar la mirada a otro lado.

En la otra acera nos encontramos los demócratas. Ocupamos ahora una posición de mayor legitimidad y poder que aquella que ostentábamos antes del 6 de diciembre. Pero también hay que recordar que la gente tiene altas expectativas, y parecemos proponer cambios únicamente a través de la asamblea, a veces olvidando que hay todavía otros 4 poderes bajo la tutela del PSUV que buscarán inteligentemente anular al poder legislativo.

Pero si bien el gobierno ha decidido no decidir sobre materia alguna, no podemos nosotros seguir el mismo camino. La ausencia de dirección y decisiones tiene a Venezuela a la deriva, y un país en crisis no sale de la misma gracias a la inercia, sino gracias a la acción determinada de sus actores políticos, quienes deben aprovechar las coyunturas para salir adelante.

¿Qué hacer? Podría ser la pregunta de un lector ingenuo, o quizá incluso un actor político genuinamente sobrecogido por lo complejo de la crisis. Quizá no hemos tomado decisiones porque no sabemos a ciencia cierta qué hacer.

Creo, sin embargo, que la ausencia de decisión no se debe al desconocimiento de caminos para el cambio. Se debe más bien al temor de asumir las consecuencias de transitar dichos caminos. Y es que parece evidente que hay un asunto urgente sobre el cual debemos decidir: hay que canalizar el malestarsocial.

Menciono que hay temor a las consecuencias, porque los caminos para tomar son, en realidad, bastante desagradables, todos con sus negativas consecuencias. Quizá haga falta protestar organizadamente, lo cual nos recuerda a años pasados. Quizá haga falta tender puentes con actores políticos clave del otro lado, lo cual nos llevaría a posiciones pragmáticas incómodas. Pero lo cierto  es que no decidir nos llevará a consecuencias mucho peores que cualquiera que nos pueda traer una decisión consciente y responsable.

Al mencionar esto, no quiero entrar en debates sobre si lo hecho en 2014 y 2002 fue acertado o no. Si quieren, incluso, puedo admitir que fue un fracaso. Pero sin duda alguna no podemos permitir que hechos del pasado determinen nuestra forma de actuar ahora, pues las condiciones de hoy son profundamente distintas.

Si no tomamos decisión alguna, la explosión social terminará por llegar. Y por los niveles de angustia, sociopatía, odio, resentimiento, y anomia que se pueden ver en la calle, de verdad no quisiera eso para mi país. Los hechos pueden salir de control, y las consecuencias pueden ser peores de lo que cualquiera puede imaginar.

Quizá algunos desean que eso suceda, porque así se liberarían de la responsabilidad de llevar a cabo acciones que fuercen el cambio, y por eso parecen no decidir. Que pobre ejemplo de liderazgo le estarían dando al país al actuar en forma tan irresponsable.

Sé que no es fácil estar en dicha posición, pues tomar decisiones es de lo más ingrato que tiene el liderazgo, mucho más cuando se tiene semejante responsabilidad sobre las espaldas. Además, soy consciente que resulta cómodo para mí decir esto sin estar en los zapatos de quienes sí deben decidir cursos de acción.

Sin embargo, también soy consciente que ha llegado un momento histórico que no podemos dejar pasar.

Es hora decidir.

Se los pide encarecidamente un compatriota temeroso de que lo peor pueda llegar a suceder.

Atentamente,

Roddy Enrique Rodríguez


Ciudadano venezolano