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martes, 14 de junio de 2011

Pobreza extrema, esclavitud del siglo XXI (Erradiquémosla!)

“El hombre nace libre y, sin embargo, en todas partes se encuentra encadenado”

Esta frase fue usada por Rousseau a modo de apertura para su “Contrato Social”. Con ella describe como los hombres siempre se encuentran subyugados a algún tipo de autoridad. Yo en cambio la usaré como analogía para un contexto distinto, donde deseo expresar que la pobreza son las cadenas que hoy en día esclavizan a algunos.

Ante la igualdad jurídica de los ciudadanos,  la desigualdad material hace a los pobres menos libres que el resto, pues su libertad de actuar se ve restringida por limitaciones como el hambre, la falta de educación y ausencia de vivienda digna. Por ello, todos lo hombres nacen libres (con igualdad ante la ley), y sin embargo, en todas partes les encontramos encadenados (víctimas de la desigualdad económica).

Si, materialismo histórico en pleno siglo XXI. Materialismo histórico es la tesis marxista según la cual las sociedades y las fuerzas productivas de la misma son producto de las condiciones materiales y la evolución histórica estas en forma dialéctica. Somos producto del contexto que nos rodea.

Siempre pensé que el Marxismo era una buena herramienta a la hora de analizar nuestras sociedades, pero que fallaba contundentemente en su prescripción de soluciones. Sin embargo,  como herramienta analítica, su acercamiento economicista siempre fue sencillo de usar.

A la hora de pensar sobre la pobreza, pueden venir a nuestras mentes conversaciones sobre crecimiento económico, o economistas hablando en televisión sobre temas como la inflación. Obviamente, también pensamos en la cara social de la pobreza (falta de educación, inseguridad, etc.), pero el lado económico de de la misma siempre se va por variables económicas.

Sin embargo, tomemos por ejemplo uno de los tantos pobres de Venezuela .que no tiene vivienda digna, educación, ni comida. ¿Qué carajo tienen que ver las variables macroeconómicas con su problema?  Su problema es simple, sencillo, y fácil de atacar. Debe haber la forma de proveer una oportunidad a este hombre, ya sea a través de educación (para que pueda trabajar y así producir), ya sea a través de comida (para así poder ahorrar, o incluso tener energía), o con una vivienda digna (para que no corra riesgo de perderlo todo con deslizamientos de terrenos luego de un palo de agua).

Comprendo la importancia de la macroeconomía, la inflación, el equilibrio fiscal y esas cuestiones para alcanzar una economía próspera y estable. Pero cuando hay gente muriendo de hambre, hablamos de gente improductiva, y así una economía difícilmente conseguirá un verdadero crecimiento económico. Si bien el control de la inflación evita que los precios de los alimentos que suban, procurar la estabilidad financiera y el crecimiento económico no es garantía de reducción de pobreza, en especial en sus casos extremos.

Si, sé muy bien que la macroeconomía es importante, pero a veces nos falta un poco de sentido pragmático a la hora de lidiar con ciertos problemas. De hecho, la tendencia en estudios del desarrollo parece enfocarse en estudiar pequeñas realidades, más que planear soluciones universales a la pobreza. Jeffrey Sachs argumenta en su libro “El fin de la pobreza” que los países (y las familias) más pobres necesitan de algún tipo de ayuda económica para escapar a la “trapa de la pobreza “ , mientras que los autores de Poor economics parecen plantear que las soluciones deberían estar orientadas a resolver problemas específicos.

A veces, nuestro obstáculo está en hacer el diagnóstico correcto del problema. Antes de pensar en soluciones, es muy importante conocer el problema, identificar su origen, y saber diferenciar las causas de las consecuencias.

Ahora bien, nuestro país no es uno que se encuentre al fondo de los Índices de Desarrollo Humano, pero aun así tenemos un porcentaje preocupante de población en pobreza extrema, y esto simplemente porque hemos llevado a cabo malas políticas. Pareciera que lo hubiésemos intentado todo, siguiendo principios socialdemócratas, pasando por paquetes neo-liberales, hasta llegar al socialismo. Y la pobreza persiste, sigue allí. Las ideologías han sido incapaces de erradicarla.

Más bien, lo que necesita una familia es una ayuda puntual para escapar al círculo vicioso que significa la pobreza. Si se dedican al cultivo, quizá alguna tecnología que les facilite con el arado les ayudaría a aumentar la productividad, así hacer más dinero, y de esa manera comenzar a ahorrar. Voilá, con una ayuda puntual, la familia inicia su camino hacia la prosperidad. Una ayuda inicial le permite luego independizarse. Suena idealista, pero el primer paso es siempre el más difícil e importante de dar.

En Brasil llevan a cabo la “Bolsa familia” (lo que los gringos llaman “Conditional Cash Tranfer”), que es una política pública con la que dan comida a las familias, bajo la condición de que lleven a todos sus hijos al colegio y vacunaciones. Dos pájaros de un solo tiro, alimentación a la familia, junto a educación y salud para los niños, lo que asegura que el futuro de esos muchachos será mucho más próspero, pues reciben la alimentación y salud que permite el desarrollo de sus facultades biológicas (entre ellas el desarrollo del cerebro), y la educación que les dará herramientas para aplicar todo su potencial.

Más arriba mencioné que lo más importante antes de pensar en soluciones para un problema, era conocer la realidad, la causa del problema a resolver. Debo admitir que no soy un experto en cuanto a las causas reales de la pobreza en nuestro país. Es por ello que quisiera preguntar, en especial a quienes hayan tenido más contacto directo con comunidades de bajos recursos:

¿Cuáles son los problemas más comunes que enfrentan nuestras familias sumidas en pobreza? ¿Qué fenómenos son los que más comúnmente causan pobreza? ¿Qué soluciones te parecen adecuadas? ¿Qué causas son más fáciles de atacar?

Preguntas como éstas son las que debemos hacernos, y exigir respuesta a las mismas por parte de quienquiera que sea el candidato de la unidad. Más aun, no sólo el gobierno, sino la sociedad en conjunto, deberán hacer algo al respecto.

Para finalizar, quisiera cerrar con una frase que le escuché hace poco a Erika Fermín, miembro de Un Techo Para mi País Venezuela.

“Hace 200 años la esclavitud era considerada normal. Hoy vemos esos tiempos como retrógrados. No permitamos que seamos vistos como los retrógrados que ven a la pobreza como algo normal en el siglo XXI, porque no lo es”.